Desde el principio de los tiempos, el ser humano comenzó a hacerse preguntas. Preguntas que, a día de hoy y pese a los avances de la Ciencia siguen sin poderse responder, dada su complejidad existencial.
En este blog, naturalmente, no podemos tampoco (ojalá pudiéramos) contestar a las grandes cuestiones del ser humano, pero sí intentar arrojar un poco de luz a aquellos temas que mucha gente evita pensar.
Si amáis el misterio o al menos tenéis curiosidad, éste es vuestro lugar, donde podréis publicar vuestras inquietudes y dudas, para entre todos intentar resolverlas.
¡Bienvenidos a La Morada del Tártaro!
¿Que ve, Jerónimo, tu ojo atónito?
¿Qué la palidez de tu rostro?
¿Ves ante tí a los monstruos y fantasmas del infierno?
Diríase que pasaste los lindes y entraste en las moradas
del Tártaro, pues tan bien pintó tu mano cuanto existe
en lo más profundo del averno.
Una de las obras más extrañas de Hyeronimus Van Acken "El Bosco" que más me impresiona, sin duda, es ésta: "Visiones del más allá", quizás no tan conocida como "El Jardín de las Delicias" o "El carro de heno" pero sí portadora de un profundo misterio.
En la parte superior del cuadro, podemos admirar una especie de túnel por el que un ángel y un ánima caminan unidos y al fondo, alzada la mano, un ser extraño intenta comunicarse con el viajero que, supuestamente, acaba de morir.
Lo curioso es que, El Bosco, pintó ya en el siglo XV, aquellas experiencias cercanas a la muerte que muchas personas creen con profundidad haber vivido... ¿No es extraño?
Hieronymus van Acken, conocido como El Bosco, por la ciudad donde vivió y trabajó Hertogenbosch, ciudad holandesa atrayente pero tranquila, situada no lejos de la actual frontera belga.
Era una próspera ciudad comercial, relacionada intensamente con el norte de Europa e Italia. El Bosco no dejó diarios ni cartas a diferencia de otros artistas como Durero. Lo que sabemos de su vida y actividad artística, debemos extraerlo de las breves referencias de los registros municipales de su ciudad, aunque estas anotaciones no nos digan nada del hombre, ni siquiera la fecha de su nacimiento.
Existe un retrato del artista, quizás un autorretrato, conocido sólo por copias posteriores, donde se muestra en edad avanzada. Suponiendo que el retrato fuera pintado poco antes de su muerte, en 1516, hay que creer que nació alrededor de 1450. El Bosco crece en una familia modesta de pintores y al casarse, hacia 1479 su mujer que provenía de una familia acomodada, aporta una riqueza considerable al matrimonio.
Si sabemos poco de la vida del pintor, aún conocemos menos de su formación artística. Se cree que aprendió con su padre o con uno de sus tíos que también eran pintores, pero pocas de las pinturas de esta época han llegado a nosotros.

Muchos han buscado los orígenes del arte del Bosco en las tradiciones iniciadas por Robert Campin, Roger van der Weyden y otros artistas que trabajaron en el sur de la actual Holanda. Este primer estilo está ejemplarizado sobre todo en la encantadora Epifanía de Filadelfia. En esta temprana fecha, el dominio de la perspectiva no parece aún muy afianzada en el artista, pero se va vislumbrando ya su original estilo posterior, sobre todo en las actitudes de los personajes.
Poco a poco se va observando en el Bosco la predilección por un tema muy tratado en su obra: el hombre, en cuanto a sus errores y sus flaquezas, con una visión y un pensamiento ciertamente medieval. El artista desarrolla esta cuestión en una de sus obras más conocidas “La mesa de los pecados capitales”. Aquí la condición y el destino de la humanidad se muestran en una serie de imágenes contenidas en círculos concéntricos. En el centro está el Ojo de Dios que todo lo ve y alejándose, círculos exteriores que representan los Siete Pecados Capitales tomados de escenas cotidianas, donde podemos observar una vitalidad y una observación psicológica notable de los personajes y las circunstancias contenidas.
El repertorio que utiliza El Bosco en toda su obra de diablos, seres fantásticos, frailes borrachos, escenas eróticas etc, había hecho acto de presencia desde el siglo XIV, en miniaturas o en los Libros de Horas. De todo ello había además grabados y dibujos que circulaban en la época. Pero la dificultad con la que se encontró el Bosco será como elevar estos repertorios al campo de la “gran pintura”; en una palabra, convertirlos en protagonistas del cuadro de altar, ya que hasta ahora habían aparecido de forma anecdótica en el arte flamenco.
Todos los temas por él tratados fueron temas que interesaron a la sociedad de la época que le tocó vivir y él, como nadie, supo poner al alcance de ellos estas preocupaciones sociales y religiosas que parecían ser privativas de la literatura y de la sociedad culta que cristalizó en “El Elogío de la Locura” de Erasmo de Rótterdam por ejemplo. Nunca hasta entonces ningún pintor había intentado fusionar lo cristiano con lo pagano sin que afectase a la intensidad de ambos.
La técnica de El Bosco y el trazado de las figuras y paisajes no reflejan un proceso consistente de cambio en su trayectoria artística. Esto se debe en parte a la versatilidad del artista ya que parece que el pintor solucionó los problemas de cada cuadro según las circunstancias de cada uno. Por esta razón es difícil fechar las grandes tablas, pero sí es posible discernir la evolución de su visión artística en sus perfiles generales, sobre todo en su concepto del mundo infernal.
Como hemos visto, las primeras obras de El Bosco constituyen un grupo relativamente homogéneo, inspirado en el estilo de los pintores holandeses del siglo XV. Su fase intermedia (1485-1500) a la que pertenece su obra “El Juicio Final”, cuenta con un tono apocalíptico, con gran multitud de demonios y tormentos, algo sin precedentes en la primera pintura neerlandesa. La tercera fase, que probablemente empezó hacia 1500 y marca la cima del arte de El Bosco; es cuando pinta su gran obra “El Jardín de las Delicias”. En ninguna obra emplea El Bosco su lenguaje simbólico con la misma densidad y amplitud que en este tríptico, el cual posee una de las escenas más extravagantes del Infierno jamás representada.
El paisaje como era tradicional, servía de fondo a sus figuras, pero adquieren una mayor importancia y a menudo señalan la significación del tema. A diferencia de los paisajistas profesionales del siglo XVI, El Bosco nunca aplica o desarrolla una fórmula; sus paisajes son de gran variedad, algunos tan extraños como si fueran de otro planeta, lo que hizo que pintara algunos de los entornos más originales de la época. Los espaciosos panoramas de El Bosco probablemente influyeron en Joachim Patinir, el primer pintor profesional de paisajes del arte occidental.
La imaginería diabólica fue la que ejerció mayor influencia en el arte flamenco del siglo XVI. Pero desaparece pronto en manos de una horda de imitadores y secuaces donde el infierno se convierte casi en un parque de atracciones, donde los demonios no parece que estén para atormentar a los condenados. Sólo Pieter Brueguel fue capaz de mantener algo del significado original de lo grotesco de El Bosco.
Pero fue en España sobre todo donde las pinturas de El Bosco fueron contempladas con el mismo espíritu con que fueron creadas. Ya en la época de los Reyes Católicos parece ser que existían pinturas suyas en la Península. Con Felipe II se llega en España a la máxima admiración hacia el pintor, ya que el Monarca reunió un gran número de tablas de El Bosco.
Esta admiración en España ha llegado a nuestros días, porque encontramos obras de El Bosco no sólo en colecciones privadas, sino en lugares tan importantes como El Escorial y sobre todo en el Museo del Prado donde se guarda la más extraordinaria colección de obras de El Bosco que posea museo alguno.
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